La presencia del queso en Asturias se remonta ya a la antigüedad. Yacimientos como el del Castro de la Campa Torres (Gijón) donde se encontró una base de tinaja perforada definida como vaso colador, que se empleaba para desuerar la cuajada, refuerzan arqueológicamente la idea de que ya se fabricaba queso o productos similares en Asturias en la época prerromana.

Situándonos ya en la Era Moderna, es el Catastro del Marqués de la Ensenada, el primer documento que certifica la importancia de los quesos de Cabrales y Casu, al ser estas localidades donde únicamente se solicita esquilmo de este producto.

La peculiar y abrupta geografía asturiana sumada a la importancia de la economía de subsistencia, fundamentada en el desarrollo del sector agrícola, facilitó la aparición de multitud de variedades distintas de queso en esta tierra, siendo considerada, aún hoy, la mayor mancha quesera de Europa.

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