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26 de Marzo de 2017
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  Cosas que nunca te dije sobre los oricios

Cosas que nunca te dije sobre los oricios

La primera referencia conocida acerca de los oricios tiene doscientos millones de años. Sin embargo, su incorporación generalizada a los hábitos alimenticios del ser humano, se produce en la época de los griegos consumiéndolos como aperitivo. Posteriormente, los romanos habitualmente los comían aliñados con vinagre, perejil y menta. Los amantes del oricio solamente necesitan abrirlos y con una cuchara comer todo su interior. Ni siquiera los pasan por una mínima cocción con el objetivo de vivir una experiencia gastronómica muy especial
 
Cosas que nunca te dije sobre los oricios
Tampoco distinguen nada que no se pueda comer en su interior. A todos los efectos, los comen como si fueran los kiwis del mar Cantábrico.

Lo habitual para el consumidor de oricio es comer la parte naranja pegada a las paredes internas del coral, una carne rica repartida en cinco gajos en los que se concentra prácticamente toda la carga proteica de los oricios y una proporción importante de sus sales minerales.

Los oricios se agrupan en novecientas cincuenta especies diferentes repartidas por todo el mundo, llegando algunas de éstas a tener un ciclo de vida superior a cien años gracias a su gran resistencia para sobrevivir a enfermedades de origen infeccioso y a la capacidad natural para enfrentarse a amenazas químicas gracias a la composición de su estructura genética.

Los oricios no tienen ojos y sin embargo pueden distinguir la luz empleando para ello sus espinas, gracias al desarrollo genético asociado a la visión y que ha logrado activar en esa parte de su cuerpo una zona especial que también les ayudan a moverse y alimentarse.

 
Cosas que nunca te dije sobre los oricios
Los oricios tienen su rostro en la parte baja del animal, la misma en donde se localiza la parte exterior del aparato digestivo. En esta zona, cerca de la boca, se aprecia una estructura esquelética y muscular formada por cinco dientes y que se conoce como la linterna de Aristóteles.

Esta zona se emplea para raspar rocas y poder alimentarse de las pequeñas algas que se encuentran pegadas a éstas y también para fragmenta el resto de alimentos que forman la estructura de su dieta alimenticia. La linterna de Aristóteles también la usan para excavar refugios y para trepar hasta alcanzar las zonas superficiales del fondo marino.

En el mar Cantábrico las especies con mayor presencia son:

  • Paracentrotus lividus: es el oricio que se consume de forma habitual y por este motivo su pesca está sujeta a plazos regulatorios con el objetivo de proteger su desarrollo. Esta especie vive en los huecos de las rocas que generalmente son excavados por ellos mismos protegiéndose con algas o conchas en el caso de que se establezcan en zonas muy iluminadas. Su color es muy variable, desde el amarillo al pardo negruzco, pasando por el verde y los tonos rojizos.
  • Echinus sculentus: son oricios de mayor tamaño que los paracentrotus lividus y tienen también espinas más cortos que éstos. Habitualmente, se establecen en las zonas menos iluminadas de las rocas.
  • Sphaerechinus granularis: son oricios de caparazón ligeramente puntiagudo y de color violáceo o azulado.

 

 

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