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17 de Diciembre de 2017
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  Asturias, una potencia agroalimentaria por descubrir

Asturias, una potencia agroalimentaria por descubrir

La crisis está obligando a muchas personas a volver la vista al campo y a redescubrir el potencial que Asturias tiene en su industria agroalimentaria. La sidra abre innovadores caminos. En las cartas de los restaurantes de éxito no falta la materia prima autóctona. Renace el interés por las conservas artesanales. 
 
Los quesos de la región empiezan a contar fuera con el reconocimiento que merecen. Sobran aquí talento y facultades para elaborar productos extraordinarios, como los asturianos han tenido ocasión de comprobar en sus mesas navideñas durante las pasadas fiestas, pero la región falla a la hora de comercializarlos. De poner en valor su saber hacer. Una Administración sin estrategia, en vez de suplir las carencias y facilitar la tarea a los emprendedores, los asfixia con su lentitud y su burocracia inútil.

La cueva de El Teyedu, en Tielve, a 1.200 metros de altitud, es un prodigio de la naturaleza para madurar el cabrales, de la que procede el manjar que acaba de ser coronado como el mejor queso de España. La temperatura nunca rebasa los 10 grados y apenas registra altibajos a lo largo del año. La humedad del aire alcanza el 90%. Los pastores la usaron durante décadas hasta que la falta de perspectivas de la vida campesina les obligó a dejarla. Hace unos años una nueva hornada de elaboradores la recuperó para aportar un plus a sus cosechas. Reposando sin prisa en aquel paraje las piezas adquieren cualidades extraordinarias. A decir de los entendidos, el cabrales es un cosa y El Teyedu, otra. Una ambrosía que también tiene su reflejo en el precio: justo el doble.

 
Asturias, una potencia agroalimentaria por descubrir
La historia de esta gruta en el corazón de los Picos representa la parábola perfecta de lo que ha sido el desprecio y abandono de las riquezas de la tierra asturiana y lo que, con mimo y visión, puede todavía llegar a conseguirse: un entorno ideal que sirve en bandeja exquisiteces y una sapiencia artesana que fueron sepultadas por políticas agrarias de monocultivo erróneas; un reencuentro con el medio rural de otras generaciones con una mentalidad distinta que, respetando la tradición, innovan y obtienen sustanciosos rendimientos; una forma de trabajar capaz de alumbrar tesoros gastronómicos que nada tienen que envidiar en sabor y rotundidad a los más afamados de cualquier otra parte. Con mimbres así sólo hace falta creérselo y saber venderse por el mundo.

Hace cincuenta años el campo empezó a declinar cuando la empresa pública cobró fuerza. Disfrutando de contrataciones masivas en la siderurgia y la minería no había necesidad de rentabilizar profesionalmente los pastos, las huertas, las avellanas o las castañas, que se pudren en el suelo desde entonces. No hay mal que por bien no venga. El paro está forzando a muchas personas en este momento a retornar a la aldea para sacar partido a las fincas de los abuelos y obligándolas a pensar cómo abrirse hueco en el mercado con algo distinto: pomaradas autóctonas, dulces sorprendentes, mermeladas caseras, conservas artesanales, ostras, vinos de autor, fabada cinco estrellas, embutidos "gourmet", hortalizas ecológicas...

 
El mismo despegue que Asturias consiguió en el turismo rural a finales del pasado siglo, con la proliferación de pequeños emprendedores por todo el territorio, puede repetirlo ahora con el sector agroalimentario a poco que se hagan bien las cosas. Resulta muy difícil a estas alturas competir en una agricultura intensiva de producciones masivas, pero sí tiene la región una oportunidad clara para colmar a públicos selectos que reclaman calidad y originalidad.

El espejo son las campiñas francesa e italiana. A pesar de la modernización e industrialización agraria, nunca perdieron sus artículos locales más valiosos. Al contrario, los engrandecieron hasta convertirlos en lujo. Miles de campesinos, en realidad pequeños empresarios, logran holgados ingresos con actividades diversas y complementarias vinculadas a sus caseríos, de la hostería a la restauración, de la ganadería a las manufacturas.

 
Asturias, una potencia agroalimentaria por descubrir
Estas pretensiones chocan en Asturias con una Administración torpe y sin ideas a la que antes que propiciar las condiciones idóneas para el desarrollo de microeconomías semejantes le preocupa únicamente reglamentarlo todo y multiplicar trámites burocráticos, a ser posible largos y tediosos, para justificar su propia ineficiencia. Lo importante es imponer una tasa y rellenar el papeleo, lo que muchas veces acaba comiendo el margen de beneficio de los pequeños productores o desanimando al más dispuesto. Crear denominaciones de origen o sellos de protección no resuelve los problemas sin otros planes que surjan detrás. En investigación, comercialización o exportación, donde fallan las estructuras actuales, la comunidad en nada contrarresta los obstáculos a quien arriesga. - incluso deshace el camino andado con decisiones erráticas de promoción y trabas sin base cuando en realidad lo tiene muy fácil porque todos los productos van de la mano, unos arrastran a otros y el conjunto encuentra en la alta cocina asturiana su mejor aliada para lograr presencia y repercusión.

La revolución que experimentó la sidra espera a otras joyas. Apenas tres décadas atrás su consumo, restringido a contados concejos, caía en picado, desaparecía la manzana y cerraban los lagares. Hoy constituye uno de los símbolos más fuertes de identidad regional y aún no ha tocado techo: con la mirada puesta en las ventas al exterior nacen sidras de hielo, espumosas, de nueva expresión y botellines de jugo de manzana. El cambio no surgió por improvisación. Recogemos el fruto de una apuesta constante y decidida de apoyo y renovación que empezó en los ochenta con aquel lema de "la sidra está muy buena, toma un culín". La industria pesada pierde efectivos, el carbón casi es historia y la región va llenándose de jubilados, ¿dónde hallarán acomodo los nuevos trabajadores? ¿Qué vamos a producir entonces si no sacamos partido con imaginación a nuestros excepcionales recursos naturales, al alcance de la mano, con gran imagen de marca y demandados y pagados a precio de oro?

Fuente | LNE 

 

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